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¿Podrá Obama cumplir su promesa de cambiar el mundo?

La victoria de Obama fue de gran impacto, algo muy festejado por muchas personas dentro y fuera de los EE.UU., y considerando las preferencias expresadas por medio mundo, ha sido lo mejor que pudiera suceder. Pero esta alegría y estos vientos de cambios que trae el presidente electo están generado inmensas expectativas, quizás demasiadas.
 
       En Italia, la oposición de izquierda publicó afiches con el rostro de Obama
 
 
Por George Chaya
 

No son pocos los cambios que se esperan del nuevo presidente estadounidense Barak Obama cuya victoria sobre su rival John Mc Cain ha sido muy clara. Aun así, a escasas horas del triunfo de Obama la pregunta es si la sociedad estadounidense y el mundo en general están preparados para la experiencia futura de lo que puede significar una gran frustración.

 

La victoria de Obama fue de gran impacto, algo muy festejado por muchas personas dentro y fuera de los EE.UU., y considerando las preferencias expresadas por medio mundo, ha sido lo mejor que pudiera suceder. Pero esta alegría y estos vientos de cambios que trae el presidente electo están generado inmensas expectativas, quizás demasiadas, aun cuando muchos saben que difícilmente podrá materializarlas. De allí el gran interrogante: ¿Podrá Obama cambiar el mundo como lo ha prometido? o será mas probable que el mundo lo cambie a él”.

 

No son pocos  los que piensan que la cosmovisión de Obama es totalmente distinta y desencontrada a las posiciones e ideas del presidente Bush. Pero en lo esencial y a pesar de la imagen progresista de Obama, sus discrepancias con Bush están más relacionadas con la forma que con el fondo de las cuestiones. Aquel que crea que las diferencias entre ambos es abismal estará cometiendo un grueso error de apreciación, no hay tal abismo entre Obama y Bush, no hay tantas diferencias, solo hay un detalle, Obama es “más hábil en política exterior para trazar las estrategias que le permitan arribar a los mismos objetivos de Bush”.

 

Como sea, una cosa es segura, el próximo inquilino de la Casa Blanca, tendrá que enfrentarse a los mismos retos que su denostado antecesor, estos retos y responsabilidades no serán precisamente un campo de rosas para Obama. Por un lado, la crisis financiera está alimentando nuevos bríos a las fuerzas anti-liberales dentro y fuera de los sistemas democráticos. La injerencia del estado “es algo asumido en la vieja Europa y padecido por los ciudadanos europeos en la Europa nueva”, pero no es bien visto en los EE.UU. Aun así, el presidente Obama tiene el sueño de agrandar el Estado y quienes lo han votado piensan que eso será bueno, pero sus votos no han sido los de toda la sociedad estadounidense, por lo que más allá de la idea y “el sueño” de Barak Obama, otra cosa bien distinta será que sus ciudadanos se lo permitan livianamente.

 

Es innegable que Obama llega a la presidencia de los EE.UU. en un escenario local y global donde hay una gran corriente que cuestiona el orden internacional emanado de las democracias liberales tras la Segunda Guerra Mundial, el orden occidental afianzado tras la caída del muro de Berlín y la desaparición de la ex URSS. Pero estos sectores no reparan que (hoy) hay una nueva división cuya manifestación se produce entre las sociedades abiertas y las de sus nuevos enemigos autócratas en diversas partes del mundo. Estas ligas de autocracias, que no por informal dejan de representar un creciente cuestionamiento del orden liberal, desde la Rusia de Putin, la China comunista-capitalista, el Irán de los ayatolas y los gobiernos populistas y dictatoriales en Latinoamérica, tal vez esperan mucho mas de lo que Obama podrá ofrecerles en realidad.

 

En cualquier caso, la democracia americana y el sistema occidental sigue amenazado por los islamistas radicales y su peculiar jihad global que están librando contra todo aquello que consideran que deben eliminar, desde los infieles a los apóstatas, pasando por sus regímenes corruptos, todo sea por la reconstitución del nuevo Califato mundial y partiendo de la reconquista del Al Andaluz. De todos modos y mientras las acciones militares de los terroristas no se excedan ni se amplíen a lo que Occidente ha conocido, es decir a volar edificios, buses o trenes con medios convencionales, las sociedades podrán tolerarlo. Si llegaran a dar el salto a emplear armas de destrucción masiva, el juego -y desde luego el riesgo- habrá cambiado. Obama lo sabe y tiene claro como deberá actuar si ello sucede más allá de su pregonado e inminente retiro de Irak, su ratificación del inmediato cierre de Guantánamo y sus planes de Paz para con el controversial palestino/israelí.

 

Es en tales escenarios donde las capacidades personales y profesionales cuentan (a veces para bien, otras para mal). De McCain se conocía muy bien su trayectoria política, personal y profesional. Con todo, la mayoría le dijo no con su voto y se inclino por Obama. Respecto de Obama, la gente no debería esperar grandes cosas o sorpresas, de ese modo, no se lo estará condicionando en su futura administración. Al mismo tiempo, eso puede ayudar en el futuro a que la frustración sea menos dolorosa. Su pasado está ahí, hoy dispone del triunfo y del respeto de cada ciudadano estadounidense como presidente, lo que venga en adelante es una gran incógnita.

 

Puede que Obama actúe con pragmatismo y se reinvente a si mismo como político nuevo. O puede que sea presa de su (a veces) ingenuo y adolescente progresismo. Si opta por lo primero, no le quedará más remedio que tomar similares caminos y políticas de George W. Bush (por mucho que le disguste) y afianzar la seguridad de sus ciudadanos frente a todos sus enemigos. Si elige lo segundo, el mundo será testigo y tendrá que soportar a un segundo Carter, pero en circunstancias globales mucho más peligrosas.