La mayoría de los líderes de la Unión Europea (UE) apuestan por seguir adelante con el proceso de ratificación del Tratado de Lisboa para aislar el no irlandés en su diminuta dimensión: 862.415 votos en contra del nuevo tratado en una Europa de 500 millones de ciudadanos. Los líderes europeos también esperan que sea el primer ministro irlandés, Brian Cowen, quien tome la iniciativa de proponer posibles vías para salir de la nueva crisis política europea, aunque las alternativas reales de que disponen los Veintisiete brillan por su ausencia. La cumbre del 19 y 20 de junio en Bruselas debía marcar el camino, claro que nadie esperaba el descalabro ruso sobre Georgia.
La solución que defendía la mayoría era la un nuevo referendo en Irlanda. El Tratado de Lisboa iría acompañado de una serie de declaraciones políticas del Consejo de la UE que desmonten los argumentos “demagógicos” de la campaña del no, pero la mayoría de los Veintisiete rechazaba cambiar el texto tan difícilmente consensuado del nuevo tratado, todo esto hasta que Rusia “pateó el tablero” con la excusa de Osetia del Sur y desempolvo sus dotes imperiales, de cuyo impacto la Unión Europea aun no logra reacomodarse ante tanta realidad que la invade y que ingenuamente pareciera no comprender.
Francia, que asumió la presidencia de la UE el 1 de julio y no sabe que hacer con Rusia, impulsa con Alemania la opción de convocar con rapidez un nuevo referendo para que el tratado, con todas las reformas institucionales, pueda entrar en vigor antes de las elecciones al Parlamento Europeo de junio del 2009. El principal problema que plantea esta solución es cómo justificar ante la propia población irlandesa la convocatoria de un nuevo referendo, ¿Cómo lo justificaran su inacción e inoperancia con el neo-imperialismo ruso que les ha puesto en ridículo? No ha sido planteado aun... Además, no existen garantías de que un número suficiente de ciudadanos Irlanda cambie su voto. Cuando se volvió a someter a referendo el Tratado de Niza en el 2002, tras un primer rechazo irlandés en el 2001, se justificó con la escasa participación en el primer referendo (35%) y hubo elecciones generales de por medio. En esta ocasión, la participación ha superado el 53%. No obstante, la mayoría de líderes europeos estima que, si el Tratado de Lisboa es ratificado con rapidez por los ocho países que faltan, los irlandeses acabarán aceptando el nuevo tratado acompañado de una serie de declaraciones tranquilizadoras por temor a quedarse aislados o marginados en una UE, cuya generosa ayuda ha permitido al país salir de su endémica pobreza. ¿Pero que seguridad jurídica continental representa la UE hoy? ¿Cómo los Irlandenses pueden confiar en un Organismo irresoluto y paralizado tal como ha quedado demostrado ante el primer zarpazo “del oso ruso”?
Statu Quo: La UE pretendería continuar con el Tratado de Niza
A falta de una solución rápida, una segunda alternativa es continuar durante un periodo indeterminado funcionando con el actual Tratado de Niza, a pesar de sus enormes limitaciones y de sus complejos sistemas de toma de decisión. La UE podría, además, intentar adelantar la entrada en vigor de alguna de las medidas previstas en el Tratado de Lisboa mediante acuerdos unánimes de los líderes en el Consejo Europeo.
Otra posibilidad, si los irlandeses no ratifican el Tratado de Lisboa en un segundo referendo, es negociar la autoexclusión de Irlanda de todas aquellas políticas europeas ajenas al funcionamiento del mercado común y de la Unión Económica y Monetaria. De este modo, Irlanda quedaría reducida a un papel marginal en el seno de la UE y no participaría en las políticas exteriores, de defensa, de justicia y de interior. Esta seria una solución extrema y de compleja realización, pero preservaría a Irlanda dentro de la UE y de la zona euro. ¿La protegería en los términos que se le prometió protección al gobierno Georgiano o se la libraria a su suerte en términos económicos y políticos? ¿Quién puede confiar en esta UE tal cual como se esta conduciendo
La ultima alternativa que se evalúa, ante una negativa de Irlanda a aceptar cualquier compromiso o ante la posibilidad de que algún otro país rechace el Tratado de Lisboa, es la vieja idea de la creación de un núcleo de países de vanguardia que aceleraría su integración política sin esperar a los países que prefieren ir más despacio. El veterano primer ministro luxemburgués, Jean-Claude Juncker, ha indicado tras el no irlandés que ahora es el momento de impulsar ese grupo de vanguardia con los países más entusiastas en favor de la integración europea. ¿Confiaran en Rusia como país observante de las normas del derecho internacional y de los reglamentos y estatutoss de la UE? ¿Será Rusia invitada a integrar ese grupo que se constituya en al vanguardia de la integración y el desarrolllo mancomunado para el viejo continente?
La idea de refundación política de Europa a partir de ese núcleo de países más europeístas ha sido ya vislumbrada en otros momentos de crisis por Francia y Alemania, pero nunca se ha precisado cómo se articularían sus relaciones con el resto de miembros de una UE menos integrada. Entre los políticos más europeístas existe el convencimiento de que ese grupo de vanguardia permitiría dar un gran salto político a Europa, ya que otros países se sumarían con rapidez y aceptarían renunciar a sus planteamientos nacionalistas por temor a quedarse rezagados. ¿Creerán esos políticos europeístas en la integración y el respeto de Rusia para con los países asociados que se encuentren en su orbita de influencias? Esta idea pareciera estar preñada de ingenuidad más que de buena fe.
La crisis creada por el no irlandés y sus repercusiones políticas y económicas también volverá a reabrir los debates sobre el creciente alejamiento de los ciudadanos del proyecto europeo y de sus instituciones, y por sobre todo, en cómo corregir esta problemática. Las iniciativas emprendidas por la Comisión Europea y otras instituciones tras el rechazo del proyecto de Constitución europea del 2005 por franceses y holandeses no han dado hasta ahora ningún resultado significativo. La conducta de Rusia y su operación militar en Georgia viene a dar por tierra la atmósfera de armonía que pretendió dar la UE mas allá del No irlandés y ambos problemas parecieran estar muy distantes del consenso y las soluciones armónicas que la UE pretende.
¿Hasta aquí llegamos? ¿Esto era lo máximo que se podía pedir en materia de integración?
La Unión Europea, o Europa como institución supranacional, está en crisis nuevamente por el triunfo del no de Irlanda para ratificar el Tratado de Lisboa y por el renacer del imperialismo ruso. La gente común rechaza y no termina de entender que esta sucediendo con estos dos problemas continentales y ha comenzado a considerase amenazada tanto en sus identidades como en sus intereses nacionales.
Conclusión:
Es de esperar que los euroescépticos exploten al máximo esta circunstancia mencionada anteriormente. Ya argumentan que si este acuerdo no es desechado, es porque la UE no respeta la voluntad de los pueblos democráticamente expresada. La UE es un modelo de integración que todos aspiran a imitar, los ciudadanos, sin embargo, sienten que su voz no se oye lo suficientemente fuerte y ven, con acierto, que ha llegado el tiempo de reexaminar las relaciones con algunos piases del continente como por ejemplo Rusia.
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