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La revolución bolivariana y el equitativo reparto de la miseria

 

Uno de los indicadores más elocuentes de la degradación de la calidad institucional en América Latina es la gestión del presidente de Venezuela Hugo Chávez Frías. Sobran pruebas de este fenómeno, pero bastaría con citar la ultima declaración de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) que le reclama al gobierno Venezolano mas libertad y menos intervencionismo con la prensa considerando que su posición contra de los medios y los periodistas independientes ha motivado actos vandálicos de inusitada violencia que están restringiendo la libertad de prensa y el derecho público a la información.

 

La gestión autoritaria de Hugo Chávez virtualmente está deshilachada ante el mundo, pero aun así, continua sumando gruesos errores que han superados con creces sus groserías e insultos del pasado a distintos presidente y jefes de estados, al mismo tiempo, se observa que los nervios del presidente están “más activos” que de costumbre.

 

Chávez ha pasado a ser el factor que dividió a los venezolanos y fracturo su sociedad civil, causado tremendo daño al tejido social de una de las democracias más antiguas del continente latinoamericano. Sus políticas fascistas y autoritarias, no de izquierdas, han llevado a Venezuela a un clima de continua y aguda polarización en lo social que demandara no poco esfuerzo reconstruir.

 

Lo que hoy se aprecia, no es nuevo, pero no por ello deja de ser lamentable. Lo cierto es, que desde oficinas del Estado se avanza sobre la esfera individual para coartar la libre expresión de las ideas e informaciones. El estilo pendenciero y las innumerables torpezas políticas, el avasallamiento de la discrepancia y la promulgación de leyes que dieron lugar a la recesión económica explican en buena medida la sostenida pérdida de capital político del presidente Hugo Chávez. Los que deberían ser órganos profesionales del Estado son meros puestos operativos al servicio de los impulsos facciosos de un gobierno que ha decidido atacar a un sector de la sociedad con el que se siente molesto. El gobierno de Chávez, dotado de muy baja capacidad para la argumentación en defensa de sus políticas, ha optado por imponer sus opiniones en la sociedad al embestir contra el patrimonio de los medios con la grosera fantasía de condicionarlos.

 

Esta atmósfera que se hace sentir en los últimos años, se ha vuelto más espesa en los últimos días. Los lazos de la administración Chávez y sus funcionarios con movimientos extremistas y grupos terroristas como las FARC, ETA y Hezbollah, aunque no resultan sorpresa, si profundizan mas aun lo patético de la violencia que subyace en el seno del gobierno chavista.

 

Desde la máxima magistratura se sigue monologando en contra de los medios de comunicación que, por relatar lo que sucede, comienzan a ser señalados como la nueva causa de todos los males de Venezuela. Esta actitud cotidiana, esconde, como siempre ha sucedido, un antiguo prejuicio autoritario, según el cual la prensa controla a la sociedad y la maneja, ratificando así mismo la aspiración histórica de los demagogos en amedrentar a la prensa y manipularla reincidiendo en el error histórico de las tiranías.

 

Sin embargo, este clima de hostilidad no se origina solamente en los reflejos autoritarios de los que gobiernan. En muchos casos, se advierte también una intencionalidad económica. Es decir, se lanzan embestidas sistemáticas para acorralar a los propietarios de los medios con la expectativa de conseguir, de ese modo, que éstos pasen a manos más convenientes para el poder.

 

Preocupa asimismo el capítulo correspondiente a los escasos logros en el combate contra la corrupción, esta endemia penetró profundamente en las Fuerzas Armadas Venezolanas al dotar a los generales de cuantiosos fondos para obras sociales, a quienes defraudaron desvergonzadamente en su administración. No obstante, nadie ha ido a la cárcel por robar al erario público y tras casi 10 años años de retórica populista está quedando cada día más al descubierto al derrumbarse una a una las  supuestas acciones "reivindicativas de la Revolución Bolivariana".

Muchas de las medidas de gobierno que fueron adoptadas no le han servido de nada a la población, y el acabose de la ineptitud alcanzo su máximo nivel con la expropiación ilegal de las propiedades agrícolas más productivas de la nación para entregarlas a cooperativas bolivarianas, sin experiencia, conocimiento ni recursos para mantenerlas operativas.

 

Otro paso errático y negativo aunque supuestamente "a favor de los excluidos", fue el paquete de medidas legales totalmente hostiles hacia el empresariado y los inversores extranjeros que estrangulo y asfixio la actividad económica del país. Como resultado de estos desaguisados muchas empresas se han marchado y trasladaron sus oficinas a países como Colombia, México y Brasil, lo que ha disminuido la capacidad de empleo y autoabastecimiento en el país a niveles alarmantes.

 

El régimen chavista también ha cometido tremendos errores en cuestiones de política cambiaria que han complicado el acceso a las divisas al sector privado, la cual está al borde de hacer colapsar al sector importador de bienes y productos básicos. De este colapso no se salvó ni la red Mercal, la cual ha tenido que ser sustituida por PDVAL, una nueva filial de PDVSA que se alimenta directamente del gasto de la petrolera. Como consecuencia de tan erradas políticas, hoy los consumidores tienen que hacer colas interminables para comprar productos de la dieta diaria, cuando pueden conseguirlos claro esta. Incluso, en PDVAL ya se habla de que se impondrán "fichas" para racionar las compras de los grupos familiares, al mejor estilo cubano.

 

A esta altura de los hechos ya no cabe la menor duda que la pregonada revolución bolivariana hace honor y ratifica la siempre vigente idea de ese gran estadista que fue Sir Winston Churchill cuando ironizaba afirmando que, “si el vicio inherente del capitalismo era el desigual reparto de bienes, la virtud inherente del socialismo era -y sigue siendo según lo ratifica la gestión del presidente Hugo Chávez- el equitativo reparto de la miseria”.