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El plan para desmantelar la democracia libanesa

Tan prolífica como es pues la Liga Árabe en estos planes de paz - que no en condenas al terrorismo yihadista - nos propone en esta ocasión un plan de tres puntos para superar la crisis libanesa, que incluye la elección como presidente del jefe del ejército, Michel Sleiman; la formación de un gobierno de unidad nacional en el que ningún partido tiene poder de veto; y la adopción de una nueva ley electoral.
 
       Un prospecto aterrador para los autócratas que integran la Liga Árabe
 
 
Por George Chaya

Publicado el 24/1/2008

 

El diario kuwaití Al Watán decía en su edición de la mañana hace dos días que el reciente atentado contra un vehículo diplomático norteamericano en Beirut era "la trompeta que anuncia una nueva iniciativa árabe para la región". 4 muertos, 20 heridos y menos de 48 horas es lo que ha tardado la Liga Árabe en utilizar el atentado contra el vehículo diplomático en el barrio cristiano de Dura para promocionar su receta de salida a la crisis institucional libanesa. Lo que parece ser el abandono de la Doctrina Bush con respecto a los palestinos (esto es, un estado palestino con independencia de si ponen fin al terrorismo o no) no ha pasado inadvertida a los dictadores de Oriente Medio, que durante años han temido la democratización de sus países; aliviados ante la evidencia de que la política exterior norteamericana en los últimos meses de mandato del Presidente se ha convertido en un gigantesco zoco, con Condoleezza Rice de improbable tendera, los países integrantes de la Liga se lanzan a realizar exigencias y proponer planes que hace apenas dos años no habrían tenido valor ni para mencionar.

 

Tan prolífica como es pues la Liga Árabe en estos planes de paz - que no en condenas al terrorismo yihadista - nos propone en esta ocasión un plan de tres puntos para superar la crisis libanesa, que incluye la elección como presidente del jefe del ejército, Michel Sleiman; la formación de un gobierno de unidad nacional en el que ningún partido tiene poder de veto; y la adopción de una nueva ley electoral.

 

Entre los ganadores de esta versión libanesa de lo que la Liga Árabe propone para salir de cualquier conflicto (acabar con la democracia) desde que fue creada, se encuentra el próximo presidente, Michel Sleiman. No sólo ostentaría el poder, sino que su cargo pasaría a ser poco menos que el de Faraón del Líbano: de ser un título nominal, ahora no sólo ostentará más poderes que ningún presidente anterior, sino que también dispondría de la facultad de nombrar a dedo a 10 de los 30 ministros del nuevo gobierno, siendo asignados los 20 restantes a partes iguales entre oposición y el grupo del 14 de marzo.

 

"Casualmente", el plan de paz de la Liga Árabe para el Líbano "coincide" con el plan que durante los dos últimos años ha defendido el presidente Assad. El presidente sirio ve así reafirmadas sus políticas pre-retirada del Líbano al tiempo que su régimen muestra al mundo que "coopera con una salida a la crisis libanesa", y mantiene toda su influencia sobre la presidencia del país de los cedros. El plan es tan inteligente que hay quien dice que es imposible que haya salido de Assad.

 

De cualquier manera, no es casualidad que el tercer gran beneficiado del plan post-atentado sea Hezbolá. El grupo paramilitar temía por su suerte si un presidente de la formación pro-occidental del 14 de marzo ocupaba la presidencia. De haber sido así, cualquiera de los elegidos habría buscado la implementación de la resolución 1559 de Naciones Unidas, que ordena el desarme del grupo paramilitar; lo mismo habría sucedido con la resolución 1701 aprobada tras la guerra de 2006, que exige a la milicia chiíta el repliegue al norte del río Litani. De esta otra manera, Hezbolá obtiene por ley 10 ministros, los mismos que la formación pro-occidental, y con ello logra bloquear o congelar, entre otras cosas, la actuación del tribunal internacional constituido en virtud del Capitulo VII de la carta de la ONU para investigar el asesinato del ex primer ministro Rafik Hariri. 

 

Con Sleiman como presidente, tanto la aplicación de ambas resoluciones como la actuación del tribunal internacional pasan a ser simples fantasías. El candidato "de consenso" de la Liga Árabe es un allegado de Hezbolá que apoya a Nasrala y la presencia de un estado dentro del estado.

Michel Aoun encabeza la lista de los olvidados de la Liga Árabe. El antes comandante del ejército estaba obsesionado con ser presidente, pero con 72 años de edad y las próximas elecciones programadas para el 2010, es demasiado anciano para presentar su candidatura. 

 

La Liga Árabe también parece estar explotando a fondo la gira del Presidente Bush por Oriente Próximo, y solamente así se puede explicar una maniobra tan descarada en defensa de Siria frente a Washington. La institución islámica parece estar solicitando de manera soterrada el apoyo norteamericano a Siria a través de Sleiman. Irán quería imponer a Aoun como presidente porque Teherán temería un acercamiento sirio-estadounidense a través del presidente Sleiman (recuérdese que el presidente “sugerido” por Siria es aceptado por Estados Unidos) de manera que la Liga Árabe parece estar indicando que la oposición regional a Irán tiene un precio, y que el primer plazo es el Líbano y la segunda letra la redención de Siria en la escena internacional

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Para tener idea de lo sincero de esta maniobra, y por tanto de lo eficaz que es, en mayo de 2007 los iraníes afirmaban discrepar de las reuniones mantenidas entre representantes sirios y norteamericanos en Sharm al-Sheikh al mismo tiempo que se manifestaba el descontento de Teherán con la visita de la Senadora Demócrata Nancy Pelosi. Estas noticias del descontento iraní con la diplomacia de su aliado sirio eran publicadas en el diario saudí Al-Hayat a lo largo de los últimos meses. Pero los sirios siguen defendiendo su alianza con Irán, siguen recibiendo dinero de Irán, siguen necesitando los petrodólares iraníes para sustentar el régimen, y siguen canalizando las armas de Irán a las milicias chiítas, por lo que la propuesta de la Liga Árabe sirviendo a Siria en bandeja es más una punta de lanza en Occidente que una propuesta real. Bajo el disfraz de una Liga Árabe maniobrando contra Irán, lo que realmente hay es una Liga Árabe que introduce a Siria como caballo de Troya iraní.

Y como es tradición en las propuestas de la Liga Árabe, las grandes perdedoras son las fuerzas pro-democracia. El grupo del 14 de marzo no lograría colocar a ninguno de sus integrantes como presidente y tendría que aceptar disponer de 10 carteras, la misma cantidad que Hezbolá y que un presidente cercano a la milicia. La proporción libanesa queda pues 20 ministros islamistas y 10 demócratas. El grupo oficialista había hecho una enorme concesión aceptando como presidente al General Sleiman como muestra de diálogo y talante, olvidando que ese tipo de términos sólo tienen algún significado en Occidente. Ahora tendrá que aceptar durante dos años y medio una mayoría parlamentaria que le es hostil y que va a bloquear holgadamente cualquier legislación anti-Siria en el Líbano.

 

La vetusta Liga Árabe ofrece como salida a "la crisis de la democracia libanesa" la receta que ofrece siempre: el desmantelamiento de la democracia. Además de Assad, nuevo Sultán del Líbano, el otro gran beneficiado es Hezbolá. Dos pájaros de un tiro. Nunca un atentado contra un vehículo diplomático vacío fue tan prolífico.