El conflicto entre civilizaciones: última fase de la evolución de confrontación en el mundo moderno
Julio 02/2007 Ideas y Debate, España
Por: Jorge Poveda / George Chaya
Occidente Contra Todos los Demás.- Occidente vive en estos momentos un apogeo extraordinario de poder en relación con las demás civilizaciones. La súper potencia rival desapareció del mapa. Un conflicto armado entre estados occidentales es inconcebible y su poderío militar es inigualable. Aparte de Japón, Occidente no enfrenta desafío económico alguno. Domina las instituciones políticas y de seguridad internacional y, junto con Japón, las instituciones económicas internacionales. Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia resuelven los problemas de política y de seguridad internacionales; Estados Unidos, Alemania y Japón, los problemas económicos, y todos juntos mantienen entre sí relaciones extraordinariamente estrechas, excluyendo a los países menores, en su mayoría no occidentales.
Consejo de Seguridad y Occidente.- El predominio de Occidente en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y su gravitación sobre sus decisiones, atemperadas sólo por la ocasional abstención de China y Rusia, llevaron a Naciones Unidas a legitimar que Occidente utilizara la fuerza para expulsar a Irak de Kuwait y eliminara la probabilidad de armas sofisticadas iraquíes y/o su capacidad de producirlas. También fueron la causa de que Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia, tomaran la medida sin precedentes en función de la cual el Consejo de Seguridad exigió que Libia entregara a los sospechosos de haber colocado la bomba en el vuelo 103 de Pan Am y se impusieron sanciones al no cumplirse la exigencia. Luego de derrotar al mayor ejército del mundo árabe, Occidente no vaciló en descargar todo su peso sobre él. Occidente, en efecto, utiliza las instituciones internacionales, el poderío militar y los recursos económicos para conducir el mundo de formas que servirán para mantener su predominio, proteger sus intereses y promover sus valores políticos y económicos. Esto es, al menos, como los no occidentales ven al mundo nuevo y hay un considerable elemento de verdad en su opinión. Las diferencias de poder y las luchas por el poderío militar, económico e institucional son pues, una fuente de conflicto entre Occidente y otras civilizaciones.
Los Países Escindidos.- En el futuro, a medida que las personas se diferencien por su civilización, los países donde haya gran número de personas pertenecientes a civilizaciones distintas (como las ex Unión Soviética y Yugoslavia) serán candidatos al desmembramiento. Algunos otros países tienen un grado suficiente de homogeneidad cultural, pero se dividen en cuanto a si su sociedad pertenece a una civilización o a otra. Éstos son países escindidos. Sus dirigentes casi siempre aspiran a desarrollar una estrategia de unirse a los ganadores y a hacer del país parte de Occidente, pero la historia, la cultura y las tradiciones son no occidentales.
Caso de Turquía.- Turquía es el prototipo más evidente de país escindido. Sus dirigentes siguieron en los últimos años del siglo XX la tradición de Ataturk y definieron Turquía como nación-estado occidental moderna y laica. Colocaron a Turquía junto a Occidente en la OTAN y en la Guerra del Golfo; solicitaron ser parte de la Comunidad Europea. Al mismo tiempo, sin embargo, grupos de la sociedad turca apoyaron el resurgimiento del Islam y sostuvieron que Turquía es fundamentalmente una sociedad musulmana del Medio Oriente. Además, aunque la élite turca define Turquía como sociedad occidental, la élite occidental se niega a aceptarla como tal. Turquía no será miembro de la Comunidad Europea y la verdadera causa de ello, como sostiene la dirigencia islámica turca, "es que somos musulmanes y ellos cristianos, aunque no lo digan". Tras haber rechazado a la Meca y después de haber sido rechazado por Bruselas, ¿hacia dónde dirigirá sus ojos Turquía? Tal vez hacia Toshkent. El fin de la Unión Soviética da a Turquía la oportunidad de convertirse en líder del renacimiento de una civilización turca donde se incluyen siete países que se extienden desde las fronteras de Grecia hasta las de China. Alentada por Occidente, Turquía está realizando ingentes esfuerzos por forjarse esta nueva identidad.
La Conexión Confuciano-Islámica.- Los obstáculos que impiden que los países no occidentales se unan a Occidente varían considerablemente; resultan menores para los países latinoamericanos y de Europa Oriental y mayores para los países ortodoxos de la antigua Unión Soviética. Son aún mayores para los musulmanes, confucianos, hindúes o budistas. Japón se ha creado una posición única como miembro asociado de Occidente: en algunos sentidos se encuentra en Occidente, pero en gran medida es evidente que no. Los países que, por su cultura y poder, no desean o no pueden unirse a Occidente, compiten con él desarrollando poderío económico, militar y político propios. Lo hacen promoviendo el desarrollo interno y cooperando con otros países no occidentales. La forma más notable de esta cooperación es la conexión confuciano-islámica surgida para desafiar los intereses, valores y poderío de Occidente. Casi sin excepción, los países occidentales están reduciendo su poderío militar; igual que Rusia, bajo la dirección de Yeltsin. Sin embargo, China, Corea del Norte y varios países del Medio Oriente lo amplían notablemente, ya sea importando armas occidentales y no occidentales, o desarrollando sus propias industria nuclear y de sistemas de armas como el caso actual de Irán.
Los Nuevos Estados Armados
Una consecuencia de esta situación es el surgimiento de lo que Charles Krauthammer llamó "estados armados", que son estados no occidentales. Otra consecuencia es la redefinición del control de armamentos, que constituye un concepto y un objetivo de Occidente. Durante la Guerra Fría el propósito principal de la limitación de armamentos era el equilibrio militar estable entre Estados Unidos y sus aliados por un lado, y la ex Unión Soviética y sus aliados, por el otro. En el mundo que siguió a la Guerra Fría, el objetivo principal del control de armamentos es evitar que sociedades no occidentales desarrollen poderío militar capaz de amenazar los intereses de Occidente. Occidente pretende hacerlo mediante acuerdos internacionales, presiones económicas y controles sobre la transferencia de armas y tecnología de armamentos. El conflicto entre Occidente y los estados islámicos se concentra en gran medida, aunque no exclusivamente, en las armas nucleares, químicas y biológicas, los misiles balísticos y otros medios sofisticados para su lanzamiento, así como en el conocimiento, la inteligencia y otras competencias en materia electrónica necesarias para lograr esos objetivos. Occidente promueve la no proliferación como norma universal y los tratados de no proliferación y las inspecciones como medios de dar entidad a esa norma. Amenaza también con una serie de sanciones a quienes promueven la propagación de armas sofisticadas y propone beneficios a quienes no lo hagan. Su atención se concentra, naturalmente, en los países que son o pudieran ser hostiles a Occidente. Los países no occidentales, por su parte, afirman su derecho a adquirir y desarrollar las armas que consideren necesarias para su seguridad. Incorporaron por completo la verdad contenida en la respuesta que dio el ministro de Defensa de la India cuando se le preguntó qué lección había recibido de la Guerra del Golfo: "No luches con Estados Unidos a no ser que tengas armas nucleares".
Las armas nucleares, las armas químicas y los misiles se consideran, tal vez erróneamente, como un modo de equiparar la superioridad de la fuerza convencional de Occidente. China, por supuesto ya cuenta con armas nucleares; Pakistán y la India tienen capacidad de desarrollarlas. Corea del Norte, Irán, Libia y Argelia parecen estar intentando adquirirlas. Un alto funcionario iraní declaró que todos los estados musulmanes deberían adquirir armas nucleares, y se afirmó que en 1988 el presidente de Irán emitió una orden mediante la cual instaba a desarrollar "armas químicas, biológicas y radiológicas ofensivas y defensivas". En relación con el desarrollo de la capacidad militar para oponerse a Occidente resulta fundamental la ampliación continua del poderío militar de China Corea del Norte e Irán y los medios que emplean para generarlo. Animada por su espectacular desarrollo económico, China aumenta con rapidez sus gastos militares y avanza a paso firme en la modernización de sus fuerzas armadas. Compra armas a los antiguos estados soviéticos y desarrolla misiles de largo alcance; en 1992 realizó ensayos de su dispositivo nuclear de un megatón. Está desarrollando capacidades de proyección de poder, adquiriendo tecnología de reaprovisionamiento aéreo y tratando de comprar portaaviones. Este fortalecimiento militar y la afirmación de su soberanía en el sur del Mar de China provocan una carrera multilateral de armamentos en este de Asia. China también es un importante exportador de armas y tecnología de armamentos. Exportó a Libia y a Irak materiales que se pudieran utilizar para fabricar armas nucleares y gas neurotóxico. Ayudó a que Argelia construyera un reactor que puede utilizarse tanto para investigaciones sobre armamentos nucleares como para producirlos. Vendió a Irán tecnología nuclear que, en opinión de los funcionarios occidentales, no puede usarse más que para crear armamentos y, al parecer, envió a Pakistán partes de misiles cuyo alcance es de unos 480 Km. Corea del Norte mantuvo un programa de armas nucleares por mucho tiempo y vende misiles avanzados y tecnología de misiles a Siria e Irán. El flujo de armas y tecnología de armamentos suele darse desde el Este de Asia a Medio Oriente desde mucho tiempo atrás. Sin embargo, también hay movimiento en dirección inversa: China recibió de Pakistán misiles Stinger. Por tanto, ha surgido una conexión militar confuciano-islámica destinada a que sus integrantes adquieran las armas y la tecnología de armamentos necesarios para oponerse al poderío militar de Occidente. Esta conexión puede perdurar o no, pero en estos momentos es "un pacto de apoyo mutuo entre estados renegados, orquestado por quienes impulsan la proliferación y quienes los respaldan". Por lo tanto, entre los estados confuciano-islámicos y Occidente se está produciendo una nueva forma de carrera armamentista. Según el modelo antiguo, cada lado desarrollaba sus propias armas para llegar al equilibrio o conseguir la superioridad con respecto al otro. En esta nueva forma de carrera, un bando desarrolla armas y el otro intenta no equilibrar, sino limitar y evitar esa consolidación de armamentos mientras reduce su propio poderío militar.
Las Consecuencias para Occidente
Es improbable que las identidades de una civilización sustituirán a todas las demás identidades, que las naciones-estado desaparecerán, que cada civilización se convierta en una entidad política coherente y única, que los grupos de una civilización no entrarán en conflicto entre sí, y ni siquiera que no lucharán unos con otros. Pero sí, surgen hipótesis según las cuales las diferencias entre civilizaciones son reales e importantes; la conciencia de la propia civilización aumenta; el conflicto entre civilizaciones sustituirá al conflicto ideológico y también otros tipos de conflicto como formas mundialmente dominantes de confrontación; las relaciones internacionales, históricamente un juego desarrollado en el marco de la civilización occidental, se harán cada vez menos occidentales y se convertirán en un juego en que las civilizaciones no occidentales serán cada vez más activas y no ya meros objetos.
Así pues, es más probable que las instituciones internacionales exitosas en ámbitos políticos, de seguridad y económicos se desarrollen en el marco de cada civilización y no entre dos distintas; los conflictos entre grupos de distintas civilizaciones serán más frecuentes, prolongados y violentos que los conflictos entre grupos de una misma civilización; los conflictos violentos entre grupos de distintas civilizaciones constituirán la fuente más peligrosa de enfrentamientos que puedan crecer hasta convertirse en guerras mundiales; el eje primordial de la política mundial serán las relaciones entre "Occidente y el resto del mundo"; las élites de algunos países no occidentales escindidos intentarán hacer de sus países parte de Occidente, pero en la mayoría de los casos enfrentarán grandes obstáculos para lograrlo y en el futuro inmediato, un importante foco de conflicto se ubicará entre Occidente y varios estados islámico. Aquí no se trata de hacer una defensa de los conflictos entre las civilizaciones, sino de presentar hipótesis descriptivas basadas en las actuales crisis. Y si éstas son hipótesis aceptables, es necesario considerar qué consecuencias tendrían para la política occidental.
Estas consecuencias deberían dividirse entre la ventaja en el corto plazo y los cambios a largo plazo. A corto plazo, resulta claro que es de interés para Occidente promover una mayor cooperación y unidad dentro de su propia civilización, sobre todo entre sus componentes europeo y norteamericano; incorporar a Europa Oriental y a América Latina, cuyas culturas no se oponen a la occidental; promover y mantener relaciones de cooperación con Rusia y Japón; impedir que conflictos locales entre civilizaciones se conviertan en guerras importantes; limitar la expansión de la fuerza militar de los estados islámicos extremistas; moderar la reducción del poderío militar occidental y mantener la superioridad militar en el este y sudoeste asiático; aprovechar las diferencias y conflictos entre los estados islámicos; apoyar a otros grupos de civilizaciones que muestren inclinación hacia los valores e intereses de Occidente; fortalecer las instituciones internacionales que reflejen y legitimen los intereses y valores de Occidente y promover la participación de los estados no occidentales moderados en esas instituciones.
*George Chaya es Analista Político Internacional y Especialista en contraterrorismo y conflictos religiosos, experto especializado en Oriente Medio y conferencista Titular por la International Consulting in Politics Affaires on Middle Eastern and Hispanic América uno de los Think Tank mas reconocidos de América Latina, es Consultor y asesora Gobiernos de América Latina en materia de Oriente Medio*
*Jorge Poveda Costarricense, con estudios en diversas disciplinas sociales. Master en Comunicación Social, con énfasis en Paz Social (Universidad para la Paz de Naciones Unidas - Universite de Quebec au Montreal).Ha desempeñado diversos cargos de alto nivel en su país, entre ellos: Viceministro de Cultura, Ministro de la Presidencia, y ha fungido como Representante personal de la Presidencia de la Republica ante diversos Organismos Internacionales. Ha sido asesor y educador en institutos de educación política patrocinados por la Konrad Adenauer Stintung de Alemania y por el National Foundation for Democracy de EUA. Ha sido asesor de tres ex presidentes en países centroamericanos .Ha publicado numerosos artículos dentro y fuera de su país y es autor de cuatro libros sobre temas de Comunicación Social, Cultura y Política. Actualmente a sus 69 años se encuentra retirado de toda actividad pública.*